Beber un orujo o similares a las cinco de la madrugada es algo que puede obedecer a dos motivos opuestos: se trata de la espuela para antes de irse a la cama y dormir hasta la hora de comer o, al contrario, sirve para que la maquinaria entre en calor justo antes de arrancar una jornada laboral que no terminará hasta ocho, diez o doce horas más tarde, según países, tiempos y legislaciones.
De la primera acepción - la de los señoritos calaveras aquí llamados, en otros sitios se les llamará de otra manera- se ha ocupado hasta la náusea la Generación Perdida, pongo por caso. De la gente perteneciente a la segunda acepción -los parias de la Tierra- no se han ocupado tantos. Por desinterés, por desconocimiento del tema o incluso de la existencia del tema.
De la primera acepción - la de los señoritos calaveras aquí llamados, en otros sitios se les llamará de otra manera- se ha ocupado hasta la náusea la Generación Perdida, pongo por caso. De la gente perteneciente a la segunda acepción -los parias de la Tierra- no se han ocupado tantos. Por desinterés, por desconocimiento del tema o incluso de la existencia del tema.
- LA LLAMADA DE LA SELVA. A London no lo llamaba la selva ni la soledad ni el peligro. Lo llamaba el trabajo: buscar un trabajo, escapar de un trabajo, cambiar de trabajo y, en fin, ganarse la vida con un trabajo. Acabó ganándose la vida escribiendo cada vez peor: cuanto peor escribía, más vendía. No está mal. Para London, el mar es la masa de agua que está al otro lado de la borda: extenso, profundo, peligroso. Nos cuenta (insuperablemente) historias de hombres que trabajan hasta la extenuación al borde del abismo, para los que un bosque es un desierto arbolado donde si te tuerces un tobillo, adiós, donde los perros del trineo se vuelven lobos en cuanto tienen hambre y también adiós. Y las islas del Pacífico son infiernos achicharrados donde acabarás muy mal al menor descuido. Los hombres matan y mueren en esas desolaciones y tales cosas sólo son hechos.
- EL ALEMÁN MUERTO. Tal vez Traven no era alemán, él no se consideraba de ningún sitio en particular. En un momento dado recaló en Ciudad de Méjico y allí respiró tranquilo, por fin. Se le publicaba en todas partes y sus libros se vendían bien, por lo visto. A él ni se le conocía ni se le compraba. También sus historias eran de gente perdida en medio del agotamiento, tampoco él amaba especialmente la vida al aire libre. Las montañas de Sierra Madre son polvaredas, piedras, hambre y codicia. Todo ello deslumbrante para el que lee arrellanado en un sillón, a salvo de la insolación y los zopilotes.
- LA FILOSOFÍA LO MATÓ. Mientras Melville se ciñó a contar su vida de vagabundo le fue bien: fama y dinero. Pero un día pensó que la realidad por sí misma no bastaba, que había que salsearla un poco para darle el toque de especias que pedía e hizo que el último mono de la tripulación de un ballenero no se limitase a contar la vida a bordo y las cosas que hacían con el mondongo de los cetáceos, porque no quería escribir sólo para el entretenimiento de sus lectores, sino ambicionaba ser apreciado como artista por la gentecilla que sabe de estas cosas. Lo consiguió, claro, pero bastante después de muerto.
Etecétera, etecétera, etecétera. Twain, Carver, Dickens, Sherwood Anderson. Todos gente que no disfrutó de una infancia segura ni de una adolescencia ociosa, condiciones ambas indispensables para que se forme el poso o mantillo donde fructifiquen las lecturas, por pocas y superficiales e ineptas que sean. Si hasta la mayoría de edad no comes caliente tres veces al día, difícilmente encontrarás epítetos sonoros para tu prosa, difícilmente emularás con éxito a Nabokov, Mann, Borges, Fitzgerald, difícilmente creerás o dejarás de creer en la condición humana. Ni sueñes con el Nóbel. London, Traven, Melville y los demás devoraron a lo largo de sus perras vidas bibliotecas enteras, pero habían dejado demasiado pronto de comer caliente, les tocó pasarse sus mejores años pasando fatigas y tuvieron que conformarse con acumular lecturas y poner cara de listo en las fotografías (Traven no); por eso no tuvieron tiempo de ponerse enfermos de literatura y se quedaron con tan sólo la realidad entre las manos, la realidad de tres dimensiones, pura y dura realidad. Sólo gracias a esta informe legión nos es dado leer sobre esa tercera dimensión. 




















